Adentro: un edificio en llamas. Afuera: un parpadeo lento.
Últimos cinco minutos, todo en juego, y tu cara es una imagen fija. Adentro hay un edificio en llamas con las alarmas sonando y alguien corriendo por un pasillo con una manguera. Afuera: un parpadeo lento ante el fallo. El Ojo lo sabe, porque el Ojo puede leer la fuga — la mandíbula un milímetro más apretada, las respuestas cada vez más cortas, el vaso puesto en la mesa con un poquito demasiado cuidado. Aprendiste en algún lugar, temprano, que los sentimientos visibles se cobran: alguien usó uno en tu contra, o se rio de uno, o simplemente no estuvo ahí para atraparlo, y el departamento de tu cara que manejaba las transmisiones fue clausurado en silencio. Así que ahora vigilas tu propio ritmo cardíaco como si fuera de otra persona. La gente te dice tranquilo. No estás tranquilo. Estás insonorizado, y hay una diferencia que la gente más cercana a ti ya empezó a escuchar. El duelo extraño de tu arquetipo: sientes todo lo que siente el Caso Cardíaco, al mismo voltaje. Solo pagas extra para que parezca nada.
Consigue tu lectura — gratis en iPhoneno estás tranquilo. estás insonorizado. el ojo lo escucha de todos modos.