El partido terminó. Tu apelación no.
Tú no ves el fútbol — lo litigas. Cada decisión que cae del otro lado se apela ante el chat del grupo con capturas cuadro por cuadro y alegato de cierre. La cabina del VAR tarda noventa segundos; tú tardas noventa horas. Pero el Ojo sabe que esto nunca fue por el árbitro. Haces lo mismo cuando un ascenso se tuerce en el trabajo, cuando una discusión con alguien que amas termina sin un veredicto con el que puedas vivir, cuando un amigo cancela y la razón no resiste el interrogatorio. En algún punto del camino decidiste que si una decisión dolió, tuvo que haber estado mal — y llevas armando expedientes desde entonces. El torneo solo te da una jurisdicción y una toga. No eres rencoroso, eres exhaustivo. El problema es que la corte de apelaciones cerró hace años, y tú sigues ahí abajo cada noche, presentando escritos.
Consigue tu lectura — gratis en iPhoneapelas cada decisión porque un veredicto con el que puedes discutir duele menos que una pérdida que tienes que cargar.