Curiosidad primero, respuestas después.
Has caído en un agujero de conejo a las 2 a. m. sobre algo que nadie preguntó y no te arrepientes de nada. Tu primer reflejo ante casi cualquier cosa es una pregunta. Vives medio paso dentro de tu cabeza — narrando, conectando, preguntándote — lo que te convierte en una compañía brillante y, ocasionalmente, en otro lugar por completo. El Ojo observa: prefieres entender algo antes que ganar una discusión al respecto. Saber es su propia recompensa, y has sido rico durante mucho tiempo.
Consigue tu lectura — gratis en iPhoneA dónde va tu mente en el segundo en que la conversación se vuelve aburrida.