No te encierren. La forma más rápida de perderte es decirte que tienes que quedarte.
Lo que más cuidas es el derecho a elegir. No las elecciones en sí — el tenerlas. La obligación se siente como una mano en el cuello, aunque sea suave, aunque sea cariño. Tomas el camino más duro y más solo si es tuyo. Por eso eres difícil de manejar e imposible de fingir. El trueque: el mismo instinto que te deja libre te deja a distancia. Sales corriendo al primer roce de que te necesiten demasiado — y lo llamas independencia cuando a veces es solo la salida que agarras antes de que alguien te pida quedarte.
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