La mitad de ti, en exilio permanente.
Heredaste dos mitades de ti y decidiste que una estaba contaminada — no por ser más débil, sino porque usarla era admitir que el plan de otra persona para ti había funcionado. Así que funcionas con solo una parte de quien eres, por principio, incluso cuando te cuesta la victoria, porque ganar del modo equivocado se siente como perder algo mucho más grande que el combate. Poco a poco vas viendo que rechazar la mitad de tu propia herencia no deshace el daño — solo te achica más de lo que realmente eres. El Eye lo nota: la mitad que rechazas ya no es de tu padre. Se volvió tuya el día en que dejaste de necesitar su permiso para usarla.
Consigue tu lectura — gratis en iPhoneUsar todo lo que eres no es rendirse — es la verdadera rebelión.
El día exacto en que la mitad rechazada se volvió tuya en silencio.
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