Encantador, atormentado, a mitad de un arco de redención.
Llevas algo que lamentas como un segundo latido, y el encanto es en parte real, en parte el peaje que pagas para que te dejen volver. No estás escapando del pasado, sino ganándote la salida, un buen acto a la vez. El Ojo lee el bucle: casi te perdonas a ti mismo y luego te encoges, porque sentirte culpable parece más honesto que seguir adelante. El arco es real. Eres tú quien se niega a terminarlo.
Consigue tu lectura — gratis en iPhonePor qué mantienes la culpa a propósito.