Actualmente en negociaciones con el universo. Van bien, más o menos.
Minuto ochenta, abajo por un gol, y ya abriste canales diplomáticos: si esta entra, le contestas a tu mamá, empiezas a correr, te vuelves mejor persona — con efecto inmediato, términos flexibles. El Ojo guarda un expediente de tus tratados, y está grueso. El pacto de las calificaciones. El pacto de los resultados médicos. El acuerdo 'nada más deja que este vuelo salga a tiempo' del verano pasado. Ni siquiera crees del todo que alguien esté escuchando, pero negociar es tu manera de metabolizar la impotencia: convertir el 'por favor' en contrato hace que la espera se sienta como participación. Al Ojo la letra chiquita le parece reveladora — fíjate que tus ofertas son siempre mejoras de ti mismo. Nunca negocias con crueldad; ofreces bondad, disciplina, gratitud. Una parte de ti cree que los buenos resultados tienen que ganarse, incluso del azar puro, y esa parte lleva negociando desde que eras chico. Aquí está la auditoría que no pediste: el universo nunca ha cobrado ni una vez. Cada mejora que prometiste estuvo siempre disponible sin que el gol entrara. El Ojo sugiere honrar un trato de todos modos. Nada más para ver en quién te conviertes.
Consigue tu lectura — gratis en iPhonefíjate cómo cada trato que le ofreces al universo eres tú volviéndote mejor. una parte de ti cree que la suerte hay que ganársela.