Sin regulador de intensidad.
Lo sientes todo a pleno voltaje — alegría, rabia, una canción, un desaire de hace tres años que aún duele como si fuera hoy. No hay regulador. La gente te dice que te calmes y tú oyes 'sé menos', cosa que te niegas a hacer. Revisarás un intercambio de textos nueve veces buscando la carga que tiene. El Ojo ve el cableado: la intensidad que te agota es la misma que hace que todos los demás se sientan medio dormidos a tu lado.
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