Podrías encontrarte a alguien 10 veces y no reconocerlo. Duele.
Recordaste menos de la mitad de las caras. Tu cerebro miró esas caras y dijo «todas se ven igual para mí» y honestamente no estaba siendo grosero — de verdad no podía distinguirlas. Eres de quienes pasan de largo a sus amistades sin reconocerlas, necesitan pistas de contexto (la ropa o la voz) para saber quién es, y seguro han fingido reconocer a alguien a quien no reconocían para nada. Está bien. Usa la estrategia del «heyyyy» para siempre.
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