Todos gritan. Tú estás eligiendo esquina. Ya la elegiste.
El estadio es un huracán y tú eres, inexplicablemente, el lugar más silencioso adentro de él. Cuando llega la presión, tu mundo no se rompe — se estrecha. El ruido se cae, las opciones se ordenan solas, y algo en ti se queda completamente quieto. El Ojo te ha visto hacer esto fuera de la cancha toda tu vida: eres quien da instrucciones tranquilas durante la emergencia, aquel cuya voz no cambia cuando las apuestas sí, la persona a la que todos voltean a ver por instinto cuando todo sale mal. Te dicen frío. Se equivocan — no eres frío, estás enfocado, y la diferencia lo es todo. Esta es la parte que nadie ve, porque tú te has encargado de eso: los sentimientos no faltan. Están agendados. Llegan después, a solas, en el coche, en la regadera, a la 1 a.m. — la factura completa por cada momento en que fuiste la quietud de todos los demás. La pagas en privado, todas las veces. El Ojo ha visto los recibos.
Consigue tu lectura — gratis en iPhonela calma es real. también la factura que llega después — lo sientes todo, solo que en diferido, a solas.