Las banderas rojas son toda su estética y de alguna manera eso es lo más sexy.
Tu bandera roja entró, te guiñó un ojo, te insultó, te hizo reír, desapareció por tres días, volvió con flores y una condena penal, y dijiste «Puedo arreglarlos» aunque no quieran ser arreglados y además estén actualmente en llamas. No son serios sobre nada excepto ser devastadores. Coquetean como quien respira, causan caos como estilo de vida, y te dan suficientes momentos genuinos para mantenerte convencido de que hay una Persona Real debajo de la actuación. Puede que la haya. Pero quemarás toda tu cuenta de ahorros emocional tratando de descubrirlo. La peor parte es que SABEN lo que hacen. Siempre lo han sabido. Y verte caer por ello de todos modos es parte de lo que les hace sonreír.
Consigue tu lectura — gratis en iPhoneescoges al encantador porque lo estable se siente como conformarse y prefieres arder que aburrirte.